No llegué a la flexibilidad por naturaleza, llegué por proceso. Cada etapa que hoy enseño primero la atravesé en mi propio cuerpo: la rigidez, el miedo a ciertos movimientos, la búsqueda de progresar sin lastimarme. Esa experiencia personal, combinada con mi formación en biomecánica y reeducación postural, es lo que me permite diseñar rutinas metodológicas para cada cuerpo, no rutinas genéricas que vos tenés que adaptarte a seguir.
Para mí, enseñar es antes que nada escuchar. Cada alumno llega con su propia historia, su propio ritmo y sus propias limitaciones, y mi trabajo es acompañar ese proceso sin apuro y sin juicio. Priorizo la honestidad por sobre la validación fácil; si tu cuerpo no está listo para algo, te lo digo con claridad y con cariño, y creo que explicarte el porqué de cada ejercicio es tan importante como que lo ejecutes bien.
Lo que más me apasiona de este trabajo es la diversidad: encontrar el desafío y la belleza en cada cuerpo distinto, y ver cómo la flexibilidad física que entrenamos en cada clase termina traduciéndose en una forma más abierta y adaptable de estar en el mundo.